Origen.

Aquiete su mente y su cuerpo y agradezca a su árbol genealógico, sepa que usted no puede llegar a su origen divino sin honrar a sus ancestros biológicos o estando en desarmonía con la madre tierra. Usted lleva la antorcha que ellos le han entregado.  

Todo tiene un punto de inicio, una semilla. El origen es la chispa primordial que contiene en su esencia todo lo que usted será. Reconocer el origen es recordar quién es y de dónde viene. No se niegue a la herencia divina ni a la herencia terrenal, ambas negaciones desencadenan una larga lucha contra usted mismo. Sentirse huérfano de padres biológicos o desconectado de su origen divino le traerá carencia en todos los sentidos. Por diversos motivos de peso para cada persona, a veces nos negamos a reconocer nuestro origen, nuestros ancestros, nuestras tradiciones, nuestras condiciones económicas, sociales etc. Este movimiento de autodespojo no le ayuda en nada, lo invito a que de la vuelta y vaya a recibir la herencia, la reconozca, y la ACEPTE tal como la vida se la entregó, con mucho poquito o bastante, llena de cosas positivas o negativas, recíbala, agradezca y comprométase a ser su mejor versión todos los días y a construir con lo que la vida le dejó, no tiene que seguir el camino de ninguno, sea original y auténtico. Como le escuché a un sabio por ahí:    "La única razón por la cual se os recuerda Volver al Origen, es porque el universo necesita que seáis Originales. Por ello, la meta no es el Origen del Universo, la meta es la Originalidad de vuestro Ser”. Asimismo, le recomiendo que saque un momento de soledad, practique quedarse quieto en una posición cómoda, note su respiración, note sus pensamientos, note las sensaciones y emociones de su cuerpo, haga esto sin juzgar si son buenas o malas agradables o desagradables, solo permitiéndoles que sean, así conecta de manera práctica con su origen divino. No crea que esta práctica es poco práctica, los beneficios de un rato de reflexión o meditación son incalculables.

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Al que tiene se le dará y al que no…