Sopita de tristeza

Ayer estuve sintiendo, por un lado, una saciedad, sensación de no querer comer y, por otro, un hambre y ganas de mecatear imparables. Hoy 12 de agosto sucedió algo similar, así que me dejé llevar por mi amor por la cocina y preparé unos ricos alimentos, sin embargo, en una pequeña pausa me invadió ese deseo de no comer, tanto que inmediatamente cancelé lo que tenía de labores en el resto del día.

Aprovechando el “evento astronómico del año” le dije a Miss Amada que fuéramos al parque a meditar, fue lo último que hablamos hasta después de dos horas. En el silencio pude ver que mi deseo profundo era entender qué me pasaba, quién era el que tenía hambre y quién era el que estaba saciado dentro de mí, en realidad no se trataba de no comer sino de destrabar esta incógnita. Y así mansamente supe también que, la frecuencia ordinaria del inconsciente colectivo es comer con hambre, desde la supervivencia, un instinto natural y lógico, por supuesto, aprendido de generación en generación. Y lo que me estaba sucediendo era que, tal como un radio que se pierde de un dial para entrar en sintonía con otro, me estaba desconectando de esa frecuencia para poder pasar a experimentar la frecuencia de saciedad, de estar completo y pleno. Siento que, habiendo ya reconocido ambas, para las próximas ingestas, debo permitirme escoger la frecuencia en la que deseo comer, seguir experimentando.

Uno puede comerse una “ensaladita light” muy vegana o vegetariana, pero enlazarla a bajas emociones, dijo Miss Amada con la pineal encendida; no se trata tanto de lo que llevamos a la boca sino desde dónde lo ingerimos, qué emoción o frecuencia le enlazamos.

Así que le prometí a mi cuerpo que estaría atento en cada ingesta para llevarle alimentos de buena calidad energética, en cantidad suficiente y sobre todo, con la consciencia de ser el ser que elige cuidarse, pues fácilmente podemos entrar a la mesa a degustar un humus de ira, un filete de ansiedad o una sopita de tristeza.

Somos lo que comemos, dicen, nos nutrimos o desnutrimos según las ideas que llevemos a nuestra mente, las emociones que llevemos a nuestra alma, la comida que ingerimos por nuestra boca.

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La tetíca mamá