El drama cósmico

Mientras me tomaba una de mis acostumbradas pausas, llegó a mí en estos días el tema de constelaciones familiares. Miss Amada me contó que iba a retomar el tema y que pronto tendría una sesión en la que me invitaba a participar. No tardé mucho en relacionar esto con una idea que se narra en diferentes culturas y tradiciones: un drama cósmico que se anuncia en muchas batallas épicas. Hoy lo traigo a través de este pasaje del nuevo testamento:

“El padre se enfrentará con el hijo, y el hijo con el padre. La madre estará en contra de la hija, y la hija en contra de la madre. La suegra estará en contra de su nuera, y la nuera en contra de su suegra.” Lucas 12:53 RVC

El yin y el yang, lo masculino y lo femenino, entre muchos otros nombres hacen referencia a dos fuerzas que son las generadoras de la vida misma, que, si no se encuentran en balance, generan destrucción. Sin embargo, quizás la forma que más conocemos para nombrar estas dos polaridades son Padre y Madre, de la cual derivan por supuesto el resto de roles familiares, hij@, espos@, nuer@, etc. Y aquí empieza a tomar sentido el concepto de constelación familiar, que a primera vista puede sugerir la unión de cosas aparentemente muy distintas: el espacio sideral como algo abstracto y lejano, por un lado, y las relaciones familiares como algo cercano y concreto, por otro.

Efectivamente, Bert Hellinger encontró aplicación de principios de teoría física a las relaciones humanas, ya que su terapia propone que todos estamos conectados dentro de un sistema y que, recordando la teoría del caos, “el aleteo de una mariposa en china puede causar un terremoto en América”. Muchos conflictos personales —emocionales, relacionales, incluso físicos— no se originan únicamente en la experiencia individual, sino que pueden estar conectados con historias no resueltas del sistema familiar.

En palabras sencillas, una constelación familiar es un espacio para hacer visible lo invisible. A veces sentimos que la vida no avanza, que tropezamos siempre con la misma piedra (en el amor, el dinero o la profesión) o que llevamos un peso y una sensación de estancamiento que no sabemos de dónde vienen.

No es una solución mágica ni una promesa de sanación inmediata. Es, más bien, una entrega de recursos, para reconocer patrones repetitivos, recordar cargas o miedos aprendidos, reconocer las raíces y piedras como sostén.

La misma Miss Amada tiene una linda forma de decirlo; “se trata de un espacio en el que recibes herramientas (la lana y los hilos) para que tú, al ver la materia prima de tu historia, decidas qué tejer con eso y qué orden darle a tu vida, bajo tu propia responsabilidad” (claro, con un acompañamiento si así lo decides).

Conviene saber que este trabajo a veces abre temas profundos y moviliza emociones que requieren de madurez y compromiso. El verdadero trabajo empieza cuando sales de un encuentro o terapia; ahí es donde ocurre la integración y donde tú decides qué pasos dar con la nueva información que recibiste.

En síntesis, se trata de asumir la parte que nos corresponde a cada uno en ese drama cósmico, para lo cual es imprescindible saber cual es nuestro rol, en dónde empieza y dónde termina.

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