Hablemos de sexo.

Así me dije como quien le habla a un gran amigo con esos arranques del alma. Pero lo primero era definir sexo y relacionarlo con la sensualidad.

Efectivamente la palabra sexo proviene te “Sectus” que significa separar o cortar, haciendo referencia, en la antigüedad, a la diferencia entre masculino y femenino, que en el ser humano esencialmente eran sus genitales; por lo cual la interacción entre esas dos partes diferentes pasó a llamarse con el tiempo acto sexual. La sexualidad entonces es el atributo de la separación, de lo diferente sin embargo en la actualidad se ha confundido con la sensualidad, que no es mas que la habilidad de percibir con todos los sentidos, gusto, tacto, oídos, olfato y visión. Las respiraciones, las caricias, los olores, las formas, la profundidad en la mirada, etc., eso es sensualidad pura.

Volviendo a mí, dije: quiero una sexualidad mía, no la que me dicen mis guías espirituales, mi religión o mis gurús, no la que me dicen mis terapeutas, la que me exigen los estereotipos sociales. Ni siquiera la sexualidad para, aparentemente, complacer a mi pareja. Deseo una sexualidad de mi para mi, hacer mis propios experimentos y ejercicios para ir descubriendo a través de la sensualidad mis puntos, mis placeres, mi dolor; una sexualidad libre de tener que complacer a alguien o algo. Recuerdo hoy esa hermosa historia en Guatavita y siento que la vida se trata de ciclos en los que es preciso primero permanecer en la cueva por un tiempo, hasta conocerse uno suficientemente, para luego salir a compartir con el mundo, a interactuar con otros para seguir creando diversidad.

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